Fuera de la champions

Me cagüen la gran puta. Joder. ¿Es que no podemos meter ni un puto gol?

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De vuelta a la normalidad

Mis padres han vuelto y lo han hecho cual Papá Noël sobresaturado de melanina en la piel. Solo os digo que se fueron con tres maletas hace un mes y volvieron con siete hace dos días.

Alucinante.

Eso sí, soy la flamante dueña de un estupendo iPhone de 16 GB. Ahora tengo un iPod Touch en perfectas condiciones y con garantía que seguramente venderé. Si le interesa a alguien… jejeje

Además del iPhone, han traído una cantidad de ropa que no está en los libros. En parte se debe a la fortaleza del dólar y en parte porque en USA parece que estén todo el año de rebajas, así que durante dos veranos ya os digo que no me va a hacer falta comprarme nada de ropa.

Por lo demás, por fin puedo dejar de hacer las cosas que tienen que hacer mis padres sumadas a las mías. Pero hoy que se ha ido Turg para su casa (ohhhhhhhhhhhh), voy a aprovechar para lavar todos nuestros jerseys, meterlos en cajas y prepararlos para la mudanza, porque claro, el invierno que viene ya estaremos en el pisito… No os podéis imaginar la ilusión que me hace. Sobretodo porque no me gusta nada planchar… Pero hoy tengo unas ganas locas de llegar a casa, atarme un pañuelo a la cabeza y ponerme manos a la obra. ¿Me estaré volviendo una maruja? Naaaahhhh.

Esta semana nos empezarán a llegar los presupuestos para el piso. Qué nervios… Eso significa que va viento en popa. ¡Qué emoción!

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La secreta visita mi casa

Como ya sabéis, vivir en Castelldefels es algo así como un deporte de riesgo. Entre las putas, las mafias, etc., nunca sabes con qué te vas a encontrar. Incluso en tu propia casa.

Ayer estábamos tranquilamente Turg y yo en casa junto con mi abuela y Adan, el chico que hace las faenas, que lleva ya como diez años (o más, no sé, yo era peque cuando vino a casa) con nosotros y es un miembro más de la familia. Ayer por la tarde vinieron unos de una subcontrata de gas natural a arreglarnos la caldera (que pusieron nueva el jueves pasado y hasta anoche no funcionó correctamente), así que estaban Turg, Adan y el chico de la caldera en el trastero mientras yo me dedicaba a hacer la cena de la noche porque venían visitas y quería tenerlo todo preparado.

De pronto empezó a sonar la alarma insistente de la vecina, que suena pase algo o no pase nada. Adán salió por el jardín a ver qué si esta vez era una de las que pasaba algo y Turg se quedó dentro del trastero, ahí donde estaba trabajando el operario. En una de esas el operario salió para comprobar la salida de humos de la caldera cuando Turg oye que dice:

- Jefe, yo solo estoy trabajando aquí, eh?

Cuando Turg sale a ver lo que pasa, se encuentra un hombre encaramado a la valla (una valla alta, que puedes subir desde el lado de la calle pero si intentas bajar lo más probable es que te rompas la crisma, o por lo menos que te quedes paralítico) con una pistola entre las manos que le pregunta:

- ¿están los dueños de la casa?

Turg le explica que ahora están de viaje, pero él está viviendo ahí, a lo que el tío le pide a Adán (que había subido ya un tramo de escalera) que fuera a la puerta de la calle para hablar con él. En ese momento Turg le dice que la hija de los dueños está en la casa, coge el móvil, me llama y me dice:

- Sube que hay un tío con una pistola en tu casa.

Bueno, ya os podéis imaginar el susto… vamos, tanto tanto que se me quedó el culito de este tamaño –> o

Pues bien, subo las escaleras y cuando abro la puerta me encuentro con un montón de gente, casi todo hombres y una mujer, vestidos de calle pero con el chaleco antibalas. la chica era la única a la que le pude ver la placa, porque la tenía puesta en el pecho. En ese momento otra pareja de agentes que estaba unas casas más allá les gritó que ahí (o sea, en mi casa) no era y que era donde estaban ellos. Así que nada, cada vez que uno pasaba por delante de mí me pedían perdón por el susto y se iban hacia donde estaban sus compañeros.

Se supone que ha habido un robo o algo en una casa cercana a la mía y por haber sonado la alarma del vecino quizá se pensaban que había ocurrido en la mía. Claro, no ayudaba nada ver a tres hombres pululando por el jardín.

En fin, hoy estaré atenta a ver si sale algo en los periódicos y me entero de qué es lo que ha pasado exactamente. Eso sí, a parte del susto y quedarse en una anécdota curiosa, me quedo con la amabilidad y las sonrisas de “perdón, la hemos cagao” que me ofrecía cada poli cada vez que pasaban por delante de mí. ¿Ves? Si es que no cuesta nada ser amable.

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Dieta

Un visita a la dietista cada tres semanas: 50€

Un carro lleno de frutas y verduras del Champion: 30€

Leche Kaiku sin lactosa: 1.45€

Un capricho de cena en restaurante a la semana: 25€

Que cada vez que me desnudo delante de ÉL se “levanten los ánimos”… No tiene precio

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